Al pulsar el botón de inicio, un denso chorro de espuma, como una nube, brota sin cesar, formando al instante suaves colinas una tras otra. Son tan esponjosas que parecen malvaviscos recién horneados. Los niños presentes no pudieron evitar que se les iluminaran los ojos.
Les encantaban esas burbujas esponjosas, así que extendían sus manitas una y otra vez para apretarlas y acariciarlas, sintiendo la suave sensación al expandirse en sus palmas. Estaban tan contentos que saltaban sin parar.
Risas, gritos y vítores se funden, creando la melodía más conmovedora de la exposición. Aquí no hay límites de edad ni preocupaciones. Solo pura alegría lo inunda todo. Esta es la magia de la Zona Burbuja. No es solo un carnaval para niños, sino también un planeta feliz que disipa toda tristeza. Permite a quienes entran redescubrir la más tierna inocencia en sus corazones.